En Chile, se habla hace años de la brecha digital. Algunos creen que es un tema superado, pero en la realidad sigue siendo un problema concreto, especialmente para las personas mayores. Puede que haya más acceso a internet y a celulares, pero eso no significa que todos sepan usarlos o que realmente puedan aprovechar lo que la tecnología ofrece.
Para muchos adultos mayores, el mundo digital es una barrera. No porque no quieran, sino porque nadie les enseñó, porque no entienden bien cómo funciona o porque simplemente tienen miedo a equivocarse. A eso se suma que muchas veces no tienen a quién pedirle ayuda. El resultado: quedan fuera. Y quedar fuera hoy no es solo no saber mandar un correo. Es no poder pedir una hora médica, no poder hacer un trámite, no hablar con la familia. Es perder autonomía y depender de otros para cosas que deberían ser simples.
¿Qué es realmente la brecha digital?
El concepto ha evolucionado. Al principio se hablaba solo de quién tenía o no internet. Hoy la brecha digital incluye al menos tres niveles:
- Acceso físico a tecnología: dispositivos, conexión, señal.
- Capacidad de uso: saber usar un celular, navegar, usar aplicaciones.
- Aplicación en la vida real: usar la tecnología para resolver problemas concretos: hacer trámites, comunicarte, comprar, aprender.
Una persona puede tener internet en casa, un celular nuevo, y aún así estar completamente fuera del mundo digital si no sabe cómo hacer una videollamada, pagar una cuenta online o descargar un archivo. Eso, en Chile, le ocurre a una gran parte de los adultos mayores.
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Cómo se manifiesta la brecha digital en las personas mayores
En la práctica, esto se ve todos los días. Personas mayores que no pueden usar una app para pedir hora médica, que necesitan que un familiar les pague las cuentas en línea, o que no pueden hacer un trámite porque “todo es digital ahora”.
El impacto real de la brecha digital en este grupo es profundo y tiene varias consecuencias:
Aislamiento
Durante la pandemia esto fue evidente. Quienes sabían usar videollamadas o redes sociales pudieron mantener el contacto con su familia. Quienes no, pasaron semanas o meses sin hablar con nadie.
Dependencia
No poder hacer trámites, agendar una consulta médica o ver información bancaria genera dependencia de terceros. Esto puede llevar a pérdida de autonomía, frustración y en algunos casos, desconfianza.
Riesgo de exclusión social
Muchas iniciativas públicas y privadas funcionan hoy con portales web, apps, validación por Clave Única, códigos de verificación y formularios en línea. Para alguien que no tiene conocimientos digitales básicos, eso es una muralla.
Desigualdad
No todos los mayores tienen las mismas condiciones. El nivel educacional, los ingresos, el lugar donde viven (urbano o rural) y si tienen redes de apoyo marcan una diferencia brutal. La brecha digital se cruza con otras brechas.
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¿Cuál es la situación en Chile de la brecha digital?
En Chile, el acceso a internet en los hogares ha mejorado mucho. Pero eso no significa que las personas mayores estén conectadas en la práctica.
Aunque muchos hogares tienen internet y dispositivos, se estima que menos de la mitad de las personas mayores los usan con regularidad. Y dentro de quienes sí lo hacen, el uso se limita muchas veces a WhatsApp o a mirar noticias.
En comunas rurales o con altos niveles de vulnerabilidad social, las diferencias son más notorias. Incluso dentro de una misma ciudad, hay sectores donde los mayores tienen acceso a programas de capacitación digital y otros donde ni siquiera hay señal estable.
¿Qué factores agravan la brecha digital?
- Edad avanzada y salud: A medida que se envejece, es común que aparezcan dificultades visuales, auditivas o cognitivas que dificultan el uso de pantallas, íconos pequeños o interfaces complejas.
- Miedo al error: Muchos adultos mayores tienen miedo de equivocarse y “romper algo”, lo que los lleva a evitar el uso de dispositivos.
- Falta de acompañamiento: La tecnología no se aprende sola, y menos si nunca fue parte de tu vida laboral o personal. Sin alguien que guíe, corrija y motive, es difícil avanzar.
- Diseño poco amigable: Muchas plataformas digitales no están pensadas para personas mayores. Letra chica, pasos confusos, interfaces con exceso de elementos… todo eso juega en contra.
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¿Qué se está haciendo en Chile?
Hay iniciativas valiosas, aunque dispersas. Algunas municipalidades cuentan con talleres de alfabetización digital, programas para enseñar el uso del celular o del computador básico. También hay ONGs, universidades y centros comunitarios que hacen su parte.
También hay esfuerzos desde el sector privado. Algunas empresas de tecnología y telecomunicaciones han lanzado planes adaptados o han participado en proyectos como la migración a Microsoft 365 en La Serena, lo que ha permitido integrar herramientas modernas con formación y soporte local, especialmente en programas dirigidos a instituciones que trabajan con adultos mayores.
Además, los programas deben ser continuos. No sirve un curso de dos semanas y listo. La práctica y la repetición son claves.
¿Qué se puede hacer para reducir la brecha digital?
Reducir la brecha digital no requiere solo más tecnología. Requiere tiempo, empatía, recursos y una estrategia pensada a largo plazo. Algunas medidas clave serían:
1. Alfabetización digital real
Cursos prácticos, con grupos pequeños, paciencia y seguimiento. Enseñar desde cómo encender un teléfono hasta cómo usar una app de salud. Nada de asumir que “todos saben”.
En zonas como Rancagua, ya se han impulsado programas de implementación de Microsoft 365 en Rancagua en organizaciones que trabajan con adultos mayores, permitiendo integrar herramientas útiles para trámites, comunicación y aprendizaje.
2. Acompañamiento familiar o comunitario
Involucrar a nietos, vecinos, voluntarios o grupos de apoyo para acompañar en el proceso. A veces solo se necesita alguien que escuche y explique bien.
3. Diseño más accesible a la brecha digital
Desde el Estado y empresas, pensar las plataformas con accesibilidad real: letra grande, navegación simple, botones claros, lenguaje directo.
4. Apoyo económico
No todos pueden costear una conexión, un celular o un plan. Hay que pensar en subsidios o préstamos tecnológicos para este grupo.
5. Políticas públicas con enfoque digital
Las políticas sociales deben incorporar componentes digitales, pero no como barrera, sino como puente. Es decir, si se exige inscripción digital para un beneficio, también debe haber asistencia presencial para quienes no pueden hacerlo solos.
En regiones como Temuco, ya se han desarrollado experiencias de capacitación de Microsoft 365 en Temuco adaptadas a personas mayores y personal de centros comunitarios, con resultados positivos en el uso cotidiano de tecnología para trámites, comunicación y acceso a servicios de salud.
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¿Y qué podemos hacer nosotros?
Si tienes una persona mayor cerca puedes hacer una gran diferencia.
- Sentate a su lado y enseñale algo simple: cómo enviar un mensaje, cómo ver el clima, cómo hacer una videollamada.
- Usa lenguaje claro y explica cada paso sin apuro.
- Reforzar la confianza. Decirle que si se equivoca y no pasa nada.
- Valora sus avances. Una persona que nunca usó un celular y hoy responde un WhatsApp merece reconocimiento.
La brecha digital se cierra desde lo colectivo. El acceso a la tecnología no puede ser un privilegio, y mucho menos una fuente de exclusión para quienes han construido este país.
Conclusión
La brecha digital en Chile sigue siendo un desafío importante, sobre todo cuando se trata de las personas mayores. No basta con darles un teléfono o una conexión: hay que enseñar, acompañar y adaptar. Invertir en inclusión digital no solo mejora la calidad de vida de los mayores, también fortalece el tejido social, facilita el acceso a derechos y crea un país más justo.
La tecnología debe estar al servicio de todos. Y nadie, por su edad, debería quedar fuera.